Que Dios Padre te bendiga, te muestre su rostro y te conceda la paz. Amén.


Dios Padre, mi Yahvé amado


Sagrado Corazón de Jesús, me consagro a Ti. Sagrado Corazón de Jesús, recuerda esta consagración cuando me presente ante Ti. Sagrado Corazón de Jesús, en Ti confío.



Devociones Oraciones Salvación Eucarística

Oraciones

Índice
1. Oraciones básicas
2. Oraciones con indulgencias
3. Oraciones varias
4. Oraciones eucarísticas
5.Oraciones para rezar antes de dormir
6. Oraciones por los enfermos
7. Oraciones de liberación
8. Oraciones por la conversión de los pecadores
9. Oraciones por las Almas del Purgatorio

Oraciones básicas

Índice
1. Padrenuestro
2. Avemaría
3. Gloria
4. Gloria (Misa)
5. Credo de los Apóstoles
6. Credo Niceno-Constantinopolitano
7.Bendita sea tu pureza
8. Acto de contrición
9. Pésame
10. Oración al Espíritu Santo

Padrenuestro
Padre nuestro que estás en el Cielo; santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu Reino; hágase tu voluntad en la Tierra como en el Cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día. Perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden. No nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

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Avemaría
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo. Bendita Tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

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Gloria
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, como era en el principio, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.

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Gloria (Misa)
Gloria a Dios en el Cielo, y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor. Por tu inmensa gloria te alabamos, te bendecimos, te adoramos, te glorificamos, te damos gracias, Señor Dios, Rey Celestial, Dios Padre Todopoderoso. Señor, Hijo único, Jesucristo. Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre; tú que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros; tú que quitas el pecado del mundo, atiende nuestras súplicas; tú que estás sentado a la derecha del Padre, ten piedad de nosotros; porque sólo tú eres Santo, sólo tú Señor, sólo tú Altísimo, Jesucristo, con el Espíritu Santo en la Gloria de Dios Padre. Amén.

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Credo de los Apóstoles
Creo en Dios, Padre Todopoderoso, Creador del Cielo y de la Tierra. Creo en Jesucristo, su único Hijo, Nuestro Señor; que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de Santa María Virgen; padeció bajo el poder de Poncio Pilato; fue crucificado, muerto y sepultado; descendió a los infiernos; al tercer día, resucitó de entre los muertos; subió a los Cielos y está sentado a la derecha de Dios Padre Todopoderoso; y desde allí, ha de venir a juzgar a los vivos y a los muertos. Creo en el Espíritu Santo, la Santa Iglesia Católica, la comunión de los Santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la vida eterna. Amén.

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Credo Niceno-Constantinopolitano
Creo en un solo Dios, Padre todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra, de todo lo visible y lo invisible. Creo en un solo Señor, Jesucristo, Hijo único de Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos: Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no creado, de la misma naturaleza del Padre, por quien todo fue hecho; que por nosotros lo hombres, y por nuestra salvación bajó del cielo, y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María, la Virgen, y se hizo hombre; y por nuestra causa fue crucificado en tiempos de Poncio Pilato; padeció y fue sepultado, y resucitó al tercer día, según las Escrituras, y subió al cielo, y está sentado a la derecha del Padre; y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos, y su reino no tendrá fin. Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida, que procede del Padre y del Hijo, que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria, y que habló por los profetas. Creo en la Iglesia, que es una, santa, católica y apostólica. Confieso que hay un solo bautismo para el perdón de los pecados. Espero la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro. Amén.

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Bendita sea tu pureza
Bendita sea tu pureza, y eternamente lo sea, pues todo un Dios se recrea en tan graciosa belleza. A ti, celestial Princesa, Virgen Sagrada María, yo te ofrezco en este día alma, vida y corazón; mírame con compasión, no me dejes, Madre mía, morir sin tu santa bendición. Amén.

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Acto de contrición
Señor mío Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío; por ser tú quien eres, bondad infinita, y porque te amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberte ofendido; también me pesa porque podes castigarme con las penas del Infierno. Ayudado de tu divina gracia, propongo firmemente no pecar más, evitar todas las ocasiones próximas de pecado, confesarme y cumplir la penitencia que me fuera impuesta. Amén.

Existen otras versiones del «Acto de contrición».

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Pésame
Pésame, Dios mío, y me arrepiento de todo corazón de haberte ofendido. Pésame, por el infierno que merecí, y por el cielo que perdí. Pero mucho más me pesa, porque pecando ofendí a un Dios tan bueno y tan grande como Vos. Antes querría haber muerto que haberte ofendido, y propongo firmemente no pecar más y evitar todas las ocasiones próximas de pecado. Amén.

Existen otras versiones del «Pésame».

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Oración al Espíritu Santo
Ven Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles. Y enciende en ellos el fuego de tu amor. Envía, Señor, tu Espíritu y serán creadas todas las cosas. Y renovarás la faz de la tierra. ¡Oh Dios, que has instruido los corazones de tus fieles con luz del Espíritu Santo!, concédenos que sintamos rectamente con el mismo Espíritu y gocemos siempre de su divino consuelo. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

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Oraciones con indulgencias

Índice
1. Salve
2. Alma de Cristo
3. Bajo tu amparo
4. Magníficat
5. Yo, pecador (Yo confieso)
6. Acordaos
7. Ángelus
8. Regina Caeli
10. Oración en honor a San José
9. Oración al Ángel Custodio
11. Oración por los bienhechores
12. Oración en honor de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo

Salve
Dios te salve, Reina y Madre de Misericordia; vida, dulzura y esperanza nuestra; Dios te salve. A ti llamamos los desterrados hijos de Eva; a ti suspiramos, gimiendo y llorando en este valle de lágrimas. Ea, pues, Señora, abogada nuestra, vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos; y después de este destierro muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre. ¡Oh, Clemente!, ¡Oh, Piadosa!, ¡Oh, Dulce Siempre Virgen María! Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios, para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo. Amén.

Se concede indulgencia parcial al fiel cristiano que eleve fervorosamente a la Virgen María la oración: Salve. (Fuente: Liturgia papal – Manual de indulgencias)

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Alma de Cristo
Alma de Cristo, santifícame.
Cuerpo de Cristo, sálvame.
Sangre de Cristo, embriágame.
Agua del costado de Cristo, lávame.
Pasión de Cristo, confórtame.
¡Oh, mi Buen Jesús!, óyeme.
Dentro de tus llagas, escóndeme.
No permitas que me aparte de Ti.
Del maligno enemigo, defiéndeme
En la hora de mi muerte, llámame.
Y mándame ir a Ti.
Para que con tus santos te alabe.
Por los siglos de los siglos. Amén

Se concede indulgencia parcial al fiel cristiano que, después de la comunión espiritual, recite una fórmula de acción de gracias, como por ejemplo el “Alma de Cristo”. (Fuente: Liturgia papal – Manual de indulgencias)

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Bajo tu amparo
Bajo tu amparo nos acogemos, santa Madre de Dios; no deseches las súplicas que te dirigimos en nuestras necesidades, antes bien, líbranos de todo peligro, ¡oh siempre Virgen, gloriosa y bendita! Amén.

Se concede indulgencia parcial al fiel cristiano que eleve fervorosamente a la Virgen María la oración: Bajo tu amparo. (Fuente: Liturgia papal – Manual de indulgencias)

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Magníficat
Proclama mi alma la grandeza del Señor, y se alegra mi espíritu en Dios, mi Salvador; porque ha puesto sus ojos en la humildad de su esclava, y por eso desde ahora todas las generaciones me llamarán bienaventurada, porque el Poderoso ha hecho obras grandes en mí: su nombre es Santo, y su misericordia llega de generación en generación a los que le temen. Él hizo proezas con su brazo: dispersó a los soberbios de corazón, derribó del trono a los poderosos y enalteció a los humildes, a los hambrientos los colmó de bienes y a los ricos los despidió vacíos. Auxilió a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia -como lo había prometido a nuestros padres- en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Se concede indulgencia parcial al fiel cristiano que rece piadosamente el cántico “Proclama mi alma” (Magníficat). (Fuente: Liturgia papal – Manual de indulgencias)

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Yo, pecador (Yo confieso)
Yo confieso ante Dios Todopoderoso, y ante ustedes hermanos que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión. Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa. Por eso ruego a Santa María siempre Virgen, a los ángeles, a los santos y a ustedes hermanos, que intercedan por mí ante Dios, Nuestro Señor. Amén.

Se concede indulgencia parcial al fiel cristiano que, especialmente al preparar la confesión sacramental, examine su conciencia con el firme propósito de enmienda y recite piadosamente el “Yo, pecador (Yo confieso)”. (Fuente: Liturgia papal – Manual de indulgencias)

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Acordaos
Acordaos, ¡oh piadosísima Virgen María! que jamás se ha oído decir que ninguno de los que han acudido a vuestra protección, implorando vuestro auxilio, haya sido desamparado. Animado por esta confianza, a Vos acudo, oh Madre, Virgen de las vírgenes, y gimiendo bajo el peso de mis pecados me atrevo a comparecer ante Vos. Oh Madre de Dios, no desechéis mis súplicas, antes bien, escuchadlas y acogedlas benignamente. Amén.

Se concede indulgencia parcial al fiel cristiano que eleve fervorosamente a la Virgen María la oración: Acordaos. (Fuente: Liturgia papal – Manual de indulgencias)

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Ángelus
Se concede indulgencia parcial al fiel cristiano que al amanecer, al mediodía y al atardecer, rece devotamente el Ángelus o bien en el tiempo pascual (la Cuaresma) el Regina Caeli.

—El Ángel del Señor anunció a María.
—Y ella concibió por obra y gracia del Espíritu Santo.

Dios te salve, María; llena eres de gracia; el Señor es contigo; bendita Tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

—He aquí la esclava del Señor.
—Hágase en mí según tu Palabra.

Dios te salve, María; llena eres de gracia; el Señor es contigo; bendita Tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

—Y el Verbo se hizo carne.
—Y habitó entre nosotros.

Dios te salve, María; llena eres de gracia; el Señor es contigo; bendita Tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

—Ruega por nosotros, Santa María, Madre de Dios.
—Para que seamos dignos de alcanzar las promesas y gracias de Nuestro Señor Jesucristo.

Te suplicamos, Señor, que derrames tu gracia en nuestras almas; para que, los que hemos conocido, por el anuncio del Ángel, la Encarnación de tu Hijo, Nuestro Señor Jesucristo, por los méritos de su Pasión y su Cruz, seamos llevados a la Gloria de la Resurrección. Por el mismo Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

(Fuente: Liturgia papal – Manual de indulgencias)

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Regina Caeli
Se concede indulgencia parcial al fiel cristiano que al amanecer, al mediodía y al atardecer, rece devotamente el Ángelus o bien en el tiempo pascual (la Cuaresma) el Regina Caeli.

Reina del Cielo, alégrate, aleluya,
porque el Señor, a quien has merecido llevar, aleluya,
ha resucitado, según su Palabra, aleluya.
Ruega al Señor por nosotros, aleluya.
Goza y alégrate, Virgen María, aleluya,
porque resucitó verdaderamente el Señor, aleluya.

Oh Dios, que por la Resurrección de tu Hijo, Nuestro Señor Jesucristo, has llenado el mundo de alegría, concédenos, por intercesión de su Madre, la Virgen María, llegar a alcanzar los gozos eternos. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

(Fuente: Liturgia papal – Manual de indulgencias)

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Oración en honor a San José
Se concede indulgencia parcial al fiel cristiano que invoque devotamente a San José, Esposo de la Virgen María, con una oración debidamente aprobada, como por ejemplo, la siguiente:

A ti, bienaventurado San José, acudimos en nuestra tribulación, y después de implorar el auxilio de tu santísima Esposa, solicitamos también confiadamente tu patrocinio. Por aquella caridad que con la Inmaculada Virgen María, Madre de Dios, te tuvo unido y por el paterno amor con que abrazaste al Niño Jesús, humildemente te suplicamos que vuelvas benigno los ojos a la herencia que con su sangre adquirió Jesucristo, y por su poder y auxilio socorras nuestras necesidades. Protege, oh, providentísimo custodio de la divina Familia, a la escogida descendencia de Jesucristo; aparta de nosotros, padre amantísimo, toda mancha de error o de corrupción; asístenos propicio desde el cielo, fortísimo libertador nuestro, en esta lucha con el poder de las tinieblas; y así como en un tiempo salvaste de la muerte la amenazada vida de Jesús Niño, defiende ahora a la Iglesia santa de Dios de las asechanzas de sus enemigos y de toda adversidad, y a cada uno de nosotros protégenos con perpetuo patrocinio, para que, a ejemplo tuyo y sostenidos por tu auxilio, podamos santamente vivir, piadosamente morir y alcanzar en los cielos la eterna bienaventuranza. Amén.

(Fuente: Liturgia papal – Manual de indulgencias)

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Oración al Ángel Custodio
Se concede indulgencia parcial al fiel cristiano que invoque devotamente a su ángel custodio con una oración debidamente aprobada, como por ejemplo la siguiente:

Ángel de Dios, tú que eres mi custodio, a mí, que he sido encomendado a ti por la piedad celestial, ilumíname, guárdame, dirígeme y guíame. Amén.

(Fuente: Liturgia papal – Manual de indulgencias)

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Oración por los bienhechores
Se concede indulgencia parcial al fiel cristiano que, movido por un afecto sobrenatural de gratitud, recite devotamente una oración por los bienhechores, debidamente aprobada, como por ejemplo la siguiente:

Señor, a todos los que por amor a ti se han hecho nuestros bienhechores, dígnate recompensarlos con la vida eterna. Amén.

(Fuente: Liturgia papal – Manual de indulgencias)

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Oración en honor de los santos apóstoles Pedro y Pablo
Se concede indulgencia parcial al fiel cristiano que rece devotamente una oración a los santos apóstoles Pedro y Pablo.

Santos apóstoles Pedro y Pablo, interceded por nosotros.

Protege Señor, a tu pueblo y, ya que confía en la protección de tus apóstoles Pedro y Pablo, guárdalo y protégelo siempre. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

(Fuente: Liturgia papal – Manual de indulgencias)

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Oraciones varias

Índice
1. Comunión espiritual
2. Consagración a la Santísima Virgen María
3. Oración a la Sangre de Cristo Jesús
4. Avemaría de oro
5. Oración a San José para alcanzar una buena muerte
6. Oración para ganar las indulgencias del día
7. Oración para obtener las gracias de todas las misas del mundo
8. Oración para pedir la perseverancia final
9. Oración para librarnos de la muerte repentina
10. Ofrecimiento de vida
11. Renovación de las promesas del bautismo

Comunión espiritual
Santa Teresa de Jesús recomendaba: “Cuando no puedas comulgar ni oír misa, puedes comulgar espiritualmente, que es de grandísimo provecho”. Santa Catalina de Siena tuvo una visión. Ella vio a Jesús con dos cálices. Jesús le dijo: “En este cáliz de oro pongo tus comuniones sacramentales y, en éste de plata, tus comuniones espirituales. Los dos cálices me son agradables”. San Juan María Vianney, el Cura de Ars, dijo: “Una comunión espiritual actúa en el alma como un soplo de viento en una brasa que está a punto de extinguirse. Cada vez que sientas que tu amor por Dios se está enfriando, rápidamente haz una comunión espiritual”.

Oración compuesta por San Alfonso María de Ligorio:
Creo, Jesús mío, que estás real y verdaderamente presente en el Santísimo Sacramento del Altar. Yo te amo sobre todas las cosas y deseo ardientemente recibirte en mi alma. Pero como ahora no puedo recibirte sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón.

(Hacer silencio y cerrar los ojos para recibir a Jesucristo espiritualmente)

Como si ya te hubiese recibido, te abrazo y me uno todo a ti. No permitas, Señor, que jamás me separe de ti. Amén.

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Consagración a la Santísima Virgen María
Oh Señora mía, oh Madre mía, yo me ofrezco enteramente a ti, y en prueba de mi filial afecto, te consagro en este día mis ojos, mis oídos, mi lengua, mi corazón; en una palabra, todo mi ser. Ya que soy todo tuyo, oh Madre de Bondad, guárdame y defiéndeme como cosa y posesión tuya. Amén.

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Oración a la Sangre de Cristo Jesús
Señor Jesús, en tu nombre y con el Poder de tu Sangre Preciosa sellamos toda persona, hechos o acontecimientos a través de los cuales el enemigo nos quiera hacer daño. Con el Poder de la Sangre de Jesús nos cubrimos y nos sellamos de toda potestad destructora en el aire, en la tierra, en el agua, en el fuego, debajo de la tierra, en las fuerzas satánicas de la naturaleza, en los abismos del infierno, y en el mundo en el cual nos movemos hoy. Con el Poder de la Sangre de Jesús rompemos toda interferencia y acción del maligno. Te pedimos Jesús que envíes a nuestros hogares y lugares de trabajo a la Santísima Virgen acompañada de San Miguel, San Gabriel, San Rafael y toda su corte de Santos Ángeles. Con el Poder de la Sangre de Jesús en este momento nos cubrimos y sellamos nuestra casa, todos los que la habitan (nombrar a cada una de ellas), las personas que el Señor enviará a ella, así como los alimentos y los bienes que Él generosamente nos envía para nuestro sustento. Con el Poder de la Sangre de Jesús sellamos tierra, puertas, ventanas, animales, objetos, paredes, pisos y el aire que respiramos, y en fe colocamos un círculo de Su Sangre alrededor de toda nuestra familia. Con el Poder de la Sangre de Jesús sellamos los lugares en donde vamos a estar este día, y las personas, empresas o instituciones con quienes vamos a tratar. (Comience a nombrar los lugares y las personas con la que va a tratar en ese día). Con el Poder de la Preciosa Sangre de Jesús en este día nos cubrimos y sellamos nuestro trabajo material y espiritual, los negocios de toda nuestra familia, y los vehículos, las carreteras, los aires, las vías y cualquier medio de transporte que habremos de utilizar. Con Tu Sangre preciosa sellamos los actos, las mentes y los corazones de todos los habitantes y dirigentes de nuestra Patria a fin de que Tu Paz y Tu Corazón al fin reinen en ella. Te agradecemos Señor por Tu Sangre y por Tu Vida, ya que gracias a Ellas hemos sido salvados y somos preservados de todo lo malo. Amén.

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Avemaría de oro
La Santísima Virgen María le dijo a Santa Gertrudis la siguiente promesa: “A todas las almas que en vida me hayan saludado con esta oración, me apareceré con gran resplandor a la hora de la muerte. Además, cuando el alma se separe del cuerpo, me manifestaré con una hermosura tan espléndida que el alma sentirá un gran consuelo. En ese instante, experimentará algo semejante a las delicias del Paraíso”. (Santa Gertrudis, De las Revelaciones, Tomo III, Capítulo XVIII)

Ave María, blanco lirio de la gloriosa y siempre serena Trinidad. Salve brillante rosa del jardín de los deleites celestiales: ¡Oh vos, de quien Dios quiso nacer en este mundo, y de cuya leche el Rey del Cielo quiso ser nutrido! Alimenta nuestras almas con las efusiones de la gracia divina. Amén.

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Oración a San José para alcanzar una buena muerte
¡Oh mi Santo protector, glorioso Patriarca San José, que, estando en el lecho de vuestro dulce tránsito, os visteis rodeado de ángeles y asistido de su Rey, Cristo Jesús, y de su Reina, la Santísima Virgen María, esposa vuestra, y que con esta amabilísima compañía salisteis en una paz celestial de esta miserable vida!. Alcanzadme la gracia de perseverar en el bien hasta que muera reclinado en vuestros brazos. Sí, santo mío, por aquella dulce compañía que Jesús y María os hicieron hasta la hora de vuestra muerte, protegedme en la mía hasta que me vea con Vos en el cielo. Compadeceos también de las pobres almas del Purgatorio que invocan vuestra gracia y poder para con ellas; amparadlas y llevadlas pronto a vuestra gloria, para que juntas con la mía, glorifiquemos vuestro santo nombre con el de Jesús y María por todos los siglos. Amén.

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Oración para ganar las indulgencias del día
Señor mío y Dios mío, en atención a los méritos de Nuestro Señor Jesucristo, te suplico me concedas todas las indulgencias vinculadas a las oraciones o a las acciones mías de este día. Deseo cumplir las condiciones requeridas para ganar esas indulgencias, a fin de satisfacer a la divina justicia y aliviar a las benditas ánimas del purgatorio. Amén.

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Oración para obtener las gracias de todas las misas del mundo
Esta oración fue revelada por Nuestro Señor Jesucristo a Santa Gertrudis.

Para obtener esta gracia, la oración se debe rezar diariamente y se debe difundir.

Padre Eterno, humildemente te ofrecemos nuestra pobre presencia y la de toda la humanidad desde el principio hasta el fin del mundo. Deseamos asistir a todas las Misas que ya se han celebrado en el mundo, y a todas las que se celebrarán en el futuro. Te ofrecemos todas las penas, sufrimientos, oraciones, alegrías y horas de reposo en nuestra vida. Ofrecemos todo en unión con estas mismas acciones de nuestro Dulce Jesús durante su estancia aquí en la tierra. Esperamos que toda la Preciosísima Sangre de Cristo, todas sus Llagas y toda su agonía nos salven. Te ofrecemos esta petición por medio del Doloroso e Inmaculado Corazón de María. Amén.

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Oración para pedir la perseverancia final
“La gracia de la perseverancia es aquella que nos hace alcanzar la salvación eterna. San Bernardo dice que el Cielo está prometido a los que comienzan a vivir santamente; pero que no se da sino a los que perseveran hasta el fin. Mas esta perseverancia, como enseñan los Santos Padres, solo se otorga a los que la piden”. (San Alfonso María de Ligorio)

Oh Dios mío, que has ocultado el momento y la hora de mi muerte, haz que yo viva santamente todos los días de mi vida; te ruego y suplico que me concedas la gracia de la santa perseverancia final; paciencia, gracia y valor para que yo pueda emplear bien los medios que tú me has dado para mi salvación. Te lo pido por los méritos de Nuestro Señor Jesucristo. Amén.

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Oración para librarnos de la muerte repentina
¡Oh misericordioso Jesús!, por tu agonía y sudor de sangre, y por tu muerte, líbranos, te lo suplico, de la muerte súbita y repentina. ¡Oh benignísimo Señor Jesús!, por el acerbísimo e ignominioso tormento de los azotes y corona de espinas, por tu Cruz y Pasión amarguísima, por tu bondad, humildemente te ruego que no permitas que yo muera repentinamente ni pase de esta vida a la otra sin recibir los Santos Sacramentos. ¡Oh amantísimo Jesús, Señor y Dios mío!, por todos tus trabajos y dolores, por tus Sagradas Llagas, por aquellas últimas palabras, ¡oh mi Dulce Jesús!, que dijiste en la Cruz: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”, y por aquel fuerte clamor: “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”, ardentísimamente te ruego que no me saques repentinamente de este mundo. Hechura soy, ¡oh Redentor mío!, de tus manos, y me haz formado enteramente. ¡Oh, por vida tuya!, Señor, no me precipites de improviso; dame, te suplico, espacio para hacer penitencia; concédeme un tránsito feliz y gracia para que te ame de todo corazón, te alabe y te bendiga por toda la eternidad. Amén. Señor mío Jesucristo, por aquellas cinco llagas que por nuestro amor recibiste en la Cruz, socorre a tus siervos redimidos con tu Preciosísima Sangre.

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Oración para librarnos de la muerte repentina
¡Oh misericordioso Jesús!, por tu agonía y sudor de sangre, y por tu muerte, líbranos, te lo suplico, de la muerte súbita y repentina. ¡Oh benignísimo Señor Jesús!, por el acerbísimo e ignominioso tormento de los azotes y corona de espinas, por tu Cruz y Pasión amarguísima, por tu bondad, humildemente te ruego que no permitas que yo muera repentinamente ni pase de esta vida a la otra sin recibir los Santos Sacramentos. ¡Oh amantísimo Jesús, Señor y Dios mío!, por todos tus trabajos y dolores, por tus Sagradas Llagas, por aquellas últimas palabras, ¡oh mi Dulce Jesús!, que dijiste en la Cruz: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”, y por aquel fuerte clamor: “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”, ardentísimamente te ruego que no me saques repentinamente de este mundo. Hechura soy, ¡oh Redentor mío!, de tus manos, y me haz formado enteramente. ¡Oh, por vida tuya!, Señor, no me precipites de improviso; dame, te suplico, espacio para hacer penitencia; concédeme un tránsito feliz y gracia para que te ame de todo corazón, te alabe y te bendiga por toda la eternidad. Amén. Señor mío Jesucristo, por aquellas cinco llagas que por nuestro amor recibiste en la Cruz, socorre a tus siervos redimidos con tu Preciosísima Sangre.

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Ofrecimiento de vida
La Santísima Virgen María le dijo a Sor Natalia Magdolna (1901-1992) las siguientes promesas para todas las personas que hagan el ofrecimiento de vida:
1) Sus nombres estarán inscritos en el Corazón de Jesús, ardiente de amor, y en el Corazón Inmaculado de Santísima la Virgen María.
2) Por su ofrecimiento de vida, unido a los méritos de Jesús, salvarán a muchas almas de la condenación. El mérito de sus sacrificios beneficiará a las almas hasta el fin del mundo.
3) Nadie de entre los miembros de su familia se condenará, aunque por las apariencias externas así parezca, porque antes de que el alma abandone el cuerpo recibirá, en lo profundo de su alma, la gracia del perfecto arrepentimiento.
4) En el día de su ofrecimiento, los miembros de su familia que estuvieran en el Purgatorio, saldrán de allí.
5) En la hora de su muerte, estaré a su lado y llevaré sus almas, sin pasar por el Purgatorio, a la presencia de la Gloriosa Santísima Trinidad, donde en la casa hecha por el Señor, se alegrarán eternamente junto conmigo.

Mi amable Jesús, delante de las Personas de la Santísima Trinidad, delante de nuestra Madre del Cielo y de toda la Corte Celestial, ofrezco, según las intenciones de tu Corazón Eucarístico y las del Inmaculado Corazón de María Santísima, toda mi vida, todas mis Santas Misas, Comuniones, buenas obras, sacrificios y sufrimientos, uniéndolos a los méritos de tu Santísima Sangre y tu muerte de Cruz: para adorar a la Gloriosa Santísima Trinidad, para ofrecerle reparación por nuestras ofensas, por la unión de nuestra Santa Madre Iglesia, por nuestros sacerdotes, por las buenas vocaciones sacerdotales y por todas las almas hasta el fin del mundo. Recibe, Jesús mío, mi ofrecimiento de vida, y concédeme gracia para perseverar en él fielmente hasta el fin de mi vida. Amén.

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Renovación de las promesas del bautismo
Renuncio a Satanás, esto es:
al pecado, como negación de Dios; al mal, como signo del pecado en el mundo;
al error, como ofuscación de la verdad;
a la violencia, como contraria a la caridad; al egoísmo, como falta de testimonio del amor.

Renuncio a sus obras, que son:
sus envidias y odios;
sus perezas e indiferencias;
sus cobardías y complejos;
sus tristezas y desconfianzas;
sus materialismos y sensualidades;
sus injusticias y favoritismos;
sus faltas de fe, de esperanza y de caridad.

Renuncio a todas sus seducciones, como pueden ser:
el creerme superior;
el estar muy seguro de mí mismo;
el creer que ya estoy convertido del todo.

Renuncio a los criterios y comportamientos materialistas que consideran:
el dinero como la aspiración suprema de la vida;
el placer ante todo;
el negocio como valor absoluto;
el propio bien por encima del bien común.

Rezar el Credo: Creo en Dios, Padre Todopoderoso, Creador del Cielo y de la Tierra. Creo en Jesucristo, su único Hijo, Nuestro Señor; que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de Santa María Virgen; padeció bajo el poder de Poncio Pilato; fue crucificado, muerto y sepultado; descendió a los infiernos; al tercer día, resucitó de entre los muertos; subió a los Cielos y está sentado a la derecha de Dios Padre Todopoderoso; y desde allí, ha de venir a juzgar a los vivos y a los muertos. Creo en el Espíritu Santo, la Santa Iglesia Católica, la comunión de los Santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la vida eterna. Amén.

Esta es nuestra fe, esta es la fe de la Iglesia, la que nos gloriamos de profesar en Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

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Oración a San José
Esta oración fue encontrada en el año 50 de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. En 1505, fue enviada por el Papa al emperador Carlos, cuando él estaba yendo a la batalla [de Lepanto]. Quien lea esta oración, la escuche o la guarde consigo nunca morirá de muerte repentina ni se ahogará, ni le afectará el veneno o caerá en las manos del enemigo, ni será quemado en cualquier fuego o derrotado en la batalla. Reza esta oración durante nueve mañanas por cualquier intención. Ella es conocida por no fallar nunca. (Fuente: Catholic.net)

Oh San José, cuya protección es tan grande, tan fuerte y tan inmediata ante el trono de Dios, a ti confío todas mis intenciones y deseos. Ayúdame, San José, con tu poderosa intercesión, a obtener todas las bendiciones espirituales por intercesión de tu Hijo adoptivo, Jesucristo Nuestro Señor, de modo que, al confiarme, aquí en la tierra, a tu poder celestial, Te tribute mi agradecimiento y homenaje. Oh San José, yo nunca me canso de contemplarte con Jesús adormecido en tus brazos. No me atrevo a acercarme cuando Él descansa junto a tu corazón. Abrázale en mi nombre, besa por mí su delicado rostro y pídele que me devuelva ese beso cuando yo exhale mi último suspiro. ¡San José, patrono de las almas que parten, ruega por mí! Amén.

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Oración al Espíritu Santo
Oh Espíritu Santo, Amor del Padre, y del Hijo, Inspírame siempre lo que debo pensar, lo que debo decir, cómo debo decirlo, lo que debo callar, cómo debo actuar, lo que debo hacer, para gloria de Dios, bien de las almas y mi propia Santificación. Espíritu Santo, Dame agudeza para entender, capacidad para retener, método y facultad para aprender, sutileza para interpretar, gracia y eficacia para hablar. Dame acierto al empezar dirección al progresar y perfección al acabar. Amén.

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Oración a la Santa Llaga del Hombro de Jesús
San Bernardo le preguntó al Divino Salvador, cuál fue su dolor en la Pasión más desconocido por los hombres. Jesús le respondió: “Tenía una llaga profundísima en el hombro sobre el cual cargué mi pesada cruz; esa llaga era la más dolorosa de todas. Los hombres no la conocen. Honra esta llaga y haré todo lo que por ella pidas”.

Oh amado Jesús, manso Cordero de Dios, a pesar de ser yo una criatura miserable y pecadora, te adoro y venero la Llaga causada por el peso de tu Cruz que abriendo tus carnes desnudó los huesos de tu Sagrado Hombro y de la cual tu Madre Dolorosa tanto se compadeció. También yo, oh carísimo Jesús, me compadezco de ti y desde el fondo de mi corazón te glorifico y te agradezco por esta Llaga dolorosa de tu hombro en la que quisiste cargar tu Cruz por mi salvación. Ah, por los sufrimientos que padeciste y que aumentaron el enorme peso de tu Cruz, te ruego con mucha humildad, ten piedad de mí, pobre criatura pecadora, perdona mis pecados y condúceme al Cielo por el camino de la Cruz.

Rezar siete Avemarías: Dios te salve, María; llena eres de gracia; el Señor es contigo; bendita Tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Madre Santísima, imprime en mi corazón las Llagas de Jesucristo crucificado.

Oh dulcísimo Jesús, no seas mi Juez sino mi Salvador.

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Oraciones eucarísticas

Índice
Oración para antes de que comience la Santa Misa
Oración para después que finalice la Santa Misa
Oración para antes de comulgar
Oraciones al comulgar
Oración para después de comulgar
Oración cuando se está ante el Santísimo Sacramento
Oración al Ángel de la Guarda cuando no se puede asistir a la Santa Misa
Oración para antes de que comience la Santa Misa

Oración de San Ambrosio.

Señor mío Jesucristo, yo pecador indigno, confiando en tu misericordia y bondad, vengo a tomar parte en este Banquete Santísimo del Altar. Reconozco que tanto mi corazón como mi mente están manchados con muchos pecados; y, que mi cuerpo y mi lengua no han sido guardados cuidadosamente. Por lo cual, Dios adorable, yo miserable pecador, en medio de tantas angustias y peligros, recurro a Ti que eres fuente de misericordia, ya que me es imposible excusarme ante tu mirada de Juez irritado. Deseo vivamente obtener tu perdón, ya que eres mi Redentor y Salvador. A Ti Señor presento mis debilidades y pecados para que me perdones. Reconozco que Te he ofendido frecuentemente. Por eso me humillo y me arrepiento y espero en tu misericordia infinita. Olvida mis culpas y no me castigues como merecen mis pecados. Perdóname, Tú que eres la bondad misma. Amén.

Oración para después de comulgar
Mírame, oh, bueno y dulcísimo Jesús: en tu presencia me postro de rodillas, y con el mayor fervor de mi alma te pido y suplico que imprimas en mi corazón, dulcísimo Jesús, vivos sentimientos de fe, esperanza y caridad, verdadero dolor de mis pecados y propósito firmísimo de enmendarme; mientras con gran afecto y dolor considero y contemplo en mi alma tus cinco llagas, teniendo ante mis ojos aquello que ya el profeta David ponía en tus labios acerca de ti: «Me taladran las manos y los pies, puedo contar todos mis huesos».

Oración para cuando se está ante el Santísimo Sacramento
Sagrario del Altar el nido de tus más tiernos y regalados amores. Amor me pides, Dios mío, y amor me das; tu amor es amor de cielo, y el mío, amor mezclado de tierra y cielo; el tuyo es infinito y purísimo; el mío, imperfecto y limitado. Sea yo, Jesús mío, desde hoy, todo para Ti, como Tú los eres para mí. Que te ame yo siempre, como te amaron los Apóstoles; y mis labios besen tus benditos pies, como los besó la Magdalena convertida. Mira y escucha los extravíos de mi corazón arrepentido, como escuchaste a Zaqueo y a la Samaritana. Déjame reclinar mi cabeza en tu sagrado pecho como a tu discípulo amado San Juan. Deseo vivir contigo, porque eres vida y amor. Por solo tus amores, Jesús, mi bien amado, en Ti mi vida puse, mi gloria y porvenir. Y ya que para el mundo soy una flor marchita, no tengo más anhelo que, amándote, morir.

Oración al Ángel de la Guarda cuando no se puede asistir a la Santa Misa
Esta oración fue escrita por Ruth Merz de Cincinnati, una mujer devota, madre de ocho hijos. Ruth fue diagnosticada de cáncer. No le era posible asistir a misa debido a su enfermedad y, por inspiración, escribió esta oración.

Oh Santo Ángel a mi lado Ve a la iglesia por mí Arrodíllate en mi lugar en la Santa Misa donde deseo estar. En el ofertorio, toma todo lo que soy y tengo y colócalo como un sacrificio sobre el trono del altar. En la sagrada consagración, adora con amor seráfico a mi Jesús escondido en la Hostia, bajado desde el cielo. Ora por aquellos que me aman entrañablemente, y por los que me causan dolor, que la sangre de Jesús pueda limpiar todos los corazones que sufren y dé alivio a las almas. Cuando el sacerdote tome la Comunión tráeme a mi Señor, que su dulce corazón pueda estar en el mío y yo ser su templo. Ora para que el divino sacrificio pueda borrar todos los pecados del hombre. Luego tráeme a casa la bendición de Jesús. La promesa de todas las gracias. Amén.

Oraciones para rezar antes de dormir

Índice Oración al Padre Celestial para dormir bien y conciliar el sueño Oración a la Sangre de Cristo para antes de dormir Oración por las negligencias diarias Oración a San Miguel Arcángel para antes de dormir Oración para antes de dormir Oración al Padre Celestial para dormir bien y conciliar el sueño Fuente: Facebook – Arquidiócesis de Rosario. Padre Santo, hoy me presento ante ti, tu mejor que nadie conoces mis problemas, tú me mostrarás el camino para llegar a la solución de todos ellos, te pido Señor, con toda confianza, me ayudes a conciliar el sueño en esta noche. Te pido Señor, que alejes de mi mente toda preocupación y tormento, ayúdame Señor a dormir en esta y todas mis noches, deja que tu manto me proteja ante cualquier problema. Permite, Dios mío, que tu luz de amor ilumine mi sueño, regálame un descanso reparador para mi cuerpo y alma, regálame Dios, la fuerza para cumplir mis metas de este nuevo día, te pido que protejas mi hogar, mi familia y todos mis seres queridos, que les des salud, gozo, vigor y mucha vida para compartir a mi lado. Te agradezco Señor, porque al rezar, sé que me escuchas, desaparecen de mí todas mis preocupaciones, me dispongo a tener un descanso tranquilo bajo la protección de mi padre. En el nombre de Jesús. Amén, Amén. Oración a la Sangre de Cristo para antes de dormir Autor: Desconocido. ¡Dulcísimo Jesús!, ¡Oh inocente y piadoso cordero!, te pido que derrames tu Preciosa Sangre sobre mí para que mi descanso sea reparador y no haya ninguna clase de mal que busque dañarme cuando esté descansando. ¡Oh Sangre de Cristo derramada!, ¡Oh Buen Jesús!, no permitas que ningún mal quiera hacerme pasar terror nocturno. Que tu Preciosísima Sangre me cubra, me embriague y me permita descansar en paz. Cristo Jesús, Señor y Protector Mío, con todo amor y dicha recibo tu Preciosa Sangre para que cuides mis días, mis noches y toda mi vida. Amén. Oración por las negligencias diarias Una abadesa rezaba por el alma de una religiosa clarisa fallecida. La religiosa clarisa se le apareció a la abadesa y le dijo: “Yo fui admitida directamente al Cielo porque, mediante esta oración que yo rezaba todas la noches, se pagaron todas mis deudas”. Padre Eterno, yo te ofrezco el Sagrado Corazón de Jesús, con todo su amor, todos sus sufrimientos y todos sus méritos: Para expiar todos los pecados que he cometido este día y durante toda mi vida. Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, como era en el principio, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén. Para purificar el bien que he hecho mal este día y durante toda mi vida. Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, como era en el principio, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén. Para suplir por el bien que yo debía de haber hecho y que he omitido este día y durante toda mi vida. Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, como era en el principio, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén. (Esta oración no reemplaza la confesión sacramental. En una situación límite como la ausencia de un sacerdote ante una muerte inminente, es necesaria una contrición perfecta, es decir, un arrepentimiento sincero de todos los pecados cometidos) Oración a San Miguel Arcángel para antes de dormir Fuente: Churchpop – Manual de San Vicente. ¡Dulce Jesús recibe nuestras almas! Que la Bendita Virgen María, San José, y todos los santos y ángeles, glorifiquen y amen por nosotros, esta noche, al Sagrado Corazón de Jesús; y oren por nosotros a nuestro Señor, para preservarnos durante ella de todo pecado y maldad. Bendito San Miguel, defiéndenos en el día del combate, que no nos perdamos en el terrible juicio. Oh, ángeles de Dios, a cuyo cuidado estamos comprometidos por la Suprema Majestad, ilumínense, gobiernen y defiéndanos, esta noche, de todo pecado y peligro. Sálvanos, oh Señor, despertándonos y vigilando nuestro sueño, que podamos vigilar con Cristo, y descansar en paz. Amén. Oración para antes de dormir Fuente: Liturgia de las Horas. Visita, Señor, esta habitación: aleja de ella las insidias del enemigo; que tus santos ángeles habiten en ella y nos guarden en paz, y que tu bendición permanezca siempre con nosotros. Por Jesucristo, Nuestro Señor. Amén. El Señor Todopoderoso nos conceda una noche tranquila y una muerte santa. Amén.

Oraciones por los enfermos

Índice
Oración de sanación interior Oración por un enfermo Tres Padrenuestros por los agonizantes Oración de sanación interior Señor Jesús, tú has venido a curar los corazones heridos y atribulados, te ruego que cures los traumas que provocan turbaciones en mi corazón; te ruego, en especial que cures aquellos que son causa de pecado. Te pido que entres en mi vida, que me cures de los traumas psíquicos que me han afectado en tierna edad y de aquellas heridas que me las han provocado a lo largo de toda la vida. Señor Jesús, tú conoces mis problemas, los pongo todos en tu corazón de Buen Pastor. Te ruego, en virtud de aquella gran llaga abierta en tu corazón, que cures las pequeñas heridas que hay en el mío. Cura las heridas de mis recuerdos, a fin de que nada de cuanto me ha acaecido me haga permanecer en el dolor, en la angustia, en la preocupación. Cura, Señor, todas esas heridas íntimas que son causa de enfermedades físicas. Yo te ofrezco mi corazón, acéptalo, Señor, purifícalo y dame los sentimientos de tu Divino Corazón. Ayúdame a ser humilde y benigno. Concédeme, Señor, la curación del dolor que me oprime por la muerte de las personas queridas. Haz que pueda recuperar la paz y la alegría por la certeza de que tú eres la resurrección y la vida. Hazme testigo auténtico de tu resurrección, de tu victoria sobre el pecado y la muerte, de tu presencia viviente entre nosotros. Amén. (Autor: Padre Gabriele Amorth) Oración por un enfermo El 22 de junio de 1985, la Santísima Virgen María en Medjugorje le dijo a Jelena Vasilj: “Queridos hijos, esta es la oración más hermosa que ustedes pueden rezar por un enfermo”: Oh Dios mío, este enfermo que esta aquí delante de ti, ha venido a pedirte lo que él desea y piensa que es lo más importante para él. Tú, oh Dios, haz que entren en su corazón estas palabras: “¡Es más importante la salud del alma!” Señor, ¡Hágase sobre él tu santa voluntad en todo! Si tú quieres que sane, que se le dé la salud. Pero si tu voluntad es diversa, que continúe llevando su cruz. Te rogamos también por nosotros que oramos por él; purifica nuestros corazones para que seamos dignos de donar, a través de nosotros mismos, tu santa misericordia. Protégelo y alivia sus penas, hágase en él tu santa voluntad. Que tu santo nombre sea revelado a través de él, ayúdalo a llevar con amor su cruz. Amén. Rezar tres veces el Gloria: Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, como era en el principio, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén. Tres Padrenuestros por los agonizantes Cuenta Dionisio Cartusiano que: Un Sumo Pontífice estaba por morir y le preguntó a un camarero suyo: “¿Qué haría por su Beatitud después de morir?” El camarero le respondió que todos los sufragios posibles y los que él le mandara. El Sumo Pontífice le dijo: “Solo te pido que, cuando me veas en agonía, digas tres veces la oración del Padrenuestro con las oraciones que leerás en este papel”. El camarero prometió cumplirlo, y así lo hizo en el momento indicado. Después, el Sumo Pontífice murió. Después de haber muerto, el Sumo Pontífice se le apareció a su camarero, muy resplandeciente y, dándole muchas gracias, le dijo: “Sin tropiezo alguno he ido al Cielo porque, después del primer Padrenuestro, Nuestro Señor Jesucristo mostrando su sudor sanguíneo al Padre Eterno, toda angustia se me quitó. Después del segundo Padrenuestro, por la amargura de su Pasión y Dolores, borró todos mis pecados. Y después del tercer Padrenuestro, Nuestro Señor Jesucristo me abrió los Cielos y me concedió la Gloria de los Bienaventurados”. Padre Nuestro que estás en el Cielo; Santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu Reino; hágase tu voluntad en la Tierra como en el Cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día. Perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden. No nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén. Señor mío Jesucristo, por aquella agonía de muerte que sentiste en el Monte de los Olivos, por la fervorosa oración que hiciste por nosotros, y por aquel sudor, tan copioso que como gotas de sangre corría hasta el suelo, que tuviste; te suplico que lo ofrezcas todo, de nuevo, a Dios Padre Todopoderoso, y lo presentes ante su divino acatamiento en satisfacción de los muchos y graves pecados de éste, tu siervo… (Se dice el nombre del agonizante), y líbralo en esta hora de su muerte de todas las penas y angustias que teme haber merecido por sus pecados. Tú que con el Padre y con el Espíritu Santo vives y reinas por todos los siglos de los siglos. Amén. Padre Nuestro que estás en el Cielo; Santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu Reino; hágase tu voluntad en la Tierra como en el Cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día. Perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden. No nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén. Señor mío Jesucristo, que te dignaste morir por nosotros en una Cruz, te suplico que, por todas las hieles y amarguras de tu Sagrada Pasión y Muerte afrentosa, que por nosotros padeciste en la Cruz, y más en particular cuando tu Santísima Alma salió de tu Santísimo Cuerpo, tengas por bien de ofrecerlas y presentarlas a Dios Padre Todopoderoso, por el alma de éste, tu siervo… (Se dice el nombre del agonizante), y líbralo en esta hora de su muerte de todas las penas y aflicciones que teme haber merecido por sus pecados. Tú que con el Padre y con el Espíritu Santo vives y reinas por todos los siglos de los siglos. Amén. Padre Nuestro que estás en el Cielo; Santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu Reino; hágase tu voluntad en la Tierra como en el Cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día. Perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden. No nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén. Señor mío Jesucristo, que por la boca del Profeta dijiste: “Con amor perpetuo te amé, y por eso te traje a mí, habiendo tenido compasión de ti”, te suplico que, por tu misma caridad que te trajo del Cielo al suelo para sufrir tantas penalidades y amarguras, tengas por bien de ofrecerla y presentarla a Dios Padre Todopoderoso por el alma de tu siervo… (Se dice el nombre del agonizante), y líbralo de todas las penas y congojas que teme haber merecido por sus pecados. Salva su alma de esta hora, ábrele la puerta de la vida y concédele que se alegre con tus Santos en la Eterna Gloria. Tú que con el Padre y con el Espíritu Santo vives y reinas por todos los siglos de los siglos. Amén. Señor mío Jesucristo, que nos redimiste con tu Sangre Preciosa, escribe en el alma de éste, tu siervo… (Se dice el nombre del agonizante), tus Sacratísimas Llagas con tu Sangre, para que aprenda a leer en ellas tu dolor, contra todos los dolores y penas que por sus pecados teme que ha merecido, imprime en él tu amor para que se una a ti con un amor indisoluble, con el cual nunca se pueda apartar de ti y de todos tus escogidos. Hazla, Señor, participante de tu Santísima Encarnación, de tu Amarguísima Pasión, de tu Gloriosa Resurrección y de tu Admirable Ascensión, hazla participante de todas las oraciones y beneficios que se hacen en tu Santa Iglesia; y hazla participante de todas las bendiciones, gracias, méritos y gozos de tus escogidos, que te agradaron desde el principio del mundo; y concédele que, con todos éstos, en tu presencia, te goce eternamente. Tú que vives y reinas con Dios Padre en unidad del Espíritu Santo por todos los siglos de los siglos. Amén.

Oraciones de liberación

Índice
1. Oración a San Miguel Arcángel
2. Oración de San Benito
3. Oración de San Antonio de Padua
4. Escudo de San Patricio

Oración a San Miguel Arcángel
El 13 de octubre de 1884, el Papa León XIII, después de celebrar la Eucaristía, estaba hablando con los cardenales en la capilla privada del Vaticano. En un momento, se detuvo al pie del altar y tuvo una visión. Su rostro tenía expresión de horror y de impacto. De repente, se incorporó, levantó su mano como saludando y se fue a su estudio privado. Lo siguieron y le preguntaron: ¿Qué le sucede Su Santidad? ¿Se siente mal? Él respondió: «¡Oh, que imágenes tan terribles se me han permitido ver y escuchar! Vi demonios y oí sus crujidos, sus blasfemias, sus burlas. Oí la espeluznante voz de Satanás desafiando a Dios, diciendo que él podía destruir la Iglesia y llevar todo el mundo al Infierno si se le daba suficiente tiempo y poder. Satanás pidió permiso a Dios de tener 100 años para poder influenciar al mundo como nunca antes había podido hacerlo. (El Papa León XIII pudo comprender que si el demonio no lograba cumplir su propósito en el tiempo permitido, sufriría una derrota humillante. Vio a San Miguel Arcángel aparecer y lanzar a Satanás con sus legiones en el abismo del Infierno)». Luego el Papa León XIII se encerró en su oficina. Después de media hora, le entregó una hoja de papel al Secretario para la Congregación de Ritos y le ordenó que la enviara a todos los obispos del mundo indicando que bajo mandato tenía que ser recitada después de cada misa.

¡Oh glorioso príncipe de las milicias celestes, San Miguel arcángel, defiéndenos en el combate y en la terrible lucha que debemos sostener contra los principados y las potencias, contra los príncipes de este mundo de tinieblas, contra los espíritus malignos! Ven en auxilio de los hombres que Dios ha creado inmortales, que formó a su imagen y semejanza y que rescató a gran precio de la tiranía del demonio. Combate en este día, con el ejército de los santos ángeles, los combates del Señor como en otro tiempo combatiste contra Lucifer, el jefe de los orgullosos, y contra los ángeles apóstatas que fueron impotentes de resistirte y para quien no hubo nunca jamás lugar en el cielo. Si ese monstruo, esa antigua serpiente que se llama demonio y Satán, él que seduce al mundo entero, fue precipitado con sus ángeles al fondo del abismo. Pero he aquí que ese antiguo enemigo, este primer homicida ha levantado ferozmente la cabeza. Disfrazado como ángel de luz y seguido de toda la turba y seguido de espíritu malignos, recorre el mundo entero para apoderarse de él y desterrar el Nombre de Dios y de su Cristo, para hundir, matar y entregar a la perdición eterna a las almas destinadas a la eterna corona de gloria. Sobre hombres de espíritu perverso y de corazón corrupto, este dragón malvado derrama también, como un torrente de fango impuro el veneno de su malicia infernal, es decir, el espíritu de mentira, de impiedad, de blasfemia y el soplo envenenado de la impudicia, de los vicios y de todas las abominaciones. Enemigos llenos de astucia han colmado de oprobios y amarguras a la Iglesia, esposa del Cordero inmaculado, y sobre sus bienes más sagrados han puesto sus manos criminales. Aun en este lugar sagrado, donde fue establecida la Sede de Pedro y la cátedra de la Verdad que debe iluminar al mundo, han elevado el abominable trono de su impiedad con el designio inicuo de herir al Pastor y dispersar al rebaño. Te suplicamos, pues, Oh príncipe invencible, contra los ataques de esos espíritus réprobos, auxilia al pueblo de Dios y dale la victoria. Este pueblo te venera como su protector y su patrono, y la Iglesia se gloría de tenerte como defensor contra los malignos poderes del infierno. A ti te confió Dios el cuidado de conducir a las almas a la beatitud celeste. ¡Ah! Ruega pues al Dios de la paz que ponga bajo nuestros pies a Satanás vencido y de tal manera abatido que no pueda nunca más mantener a los hombres en la esclavitud, ni causar perjuicio a la Iglesia. Presenta nuestras oraciones ante la mirada del Todopoderoso, para que las misericordias del Señor nos alcancen cuanto antes. Somete al dragón, la antigua serpiente que es diablo y Satán, encadénalo y precipítalo en el abismo, para que no pueda seducir a los pueblos. Amén.
-He aquí la Cruz del Señor, huyan potencias enemigas.
-Venció el León de Judá, el retoño de David.
-Que tus misericordias, Oh Señor se realicen sobre nosotros.
-Como hemos esperado de ti.
-Señor, escucha mi oración.
-Y que mis gritos se eleven hasta ti.
Oh Dios Padre Nuestro Señor Jesucristo, invocamos tu Santo Nombre, e imploramos insistentemente tu clemencia para que por la intercesión de María inmaculada siempre Virgen, nuestra Madre, y del glorioso San Miguel arcángel, te dignes auxiliarnos contra Satanás y todos los otros espíritus inmundos que recorren la tierra para dañar al género humano y perder las almas. Amén.

Versión breve:
San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla. Sé nuestro amparo contra la perversidad y asechanzas del demonio. Reprímale Dios, pedimos suplicantes, y tú, príncipe de la milicia celestial, arroja al Infierno, con el divino poder, a Satanás y a los otros espíritus malignos que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas. Amén.

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Oración de San Benito
Santa Cruz del Padre Benito.
La Santa Cruz sea mi Luz.
No sea el dragón mi guía.
Apártate, satanás;
no sugieras cosas vanas;
venenosa es tu carnada,
bebe tú mismo el veneno.
Pax.

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Oración de San Antonio de Padua
Este exorcismo usado frecuentemente por San Antonio es muy eficaz contra las tentaciones del demonio. Constituyen esas palabras la breve carta de San Antonio que él mismo escribió y entregó a una devota suya para librarla de una fuerte y tenaz tentación.

(El signo «+» significa que uno tiene que hacerse la Señal de la Cruz mientras reza la oración. Si hay tres signos «+», hay que hacerse tres veces la Señal de la Cruz)

He aquí la Cruz del Señor +
Huid, potestades enemigas +
Ha vencido el león de Judá +
descendiente de David. ¡Aleluya!

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Escudo de San Patricio
Me envuelvo hoy día y ato a mí una fuerza poderosa, la invocación de la Trinidad, la fe en las Tres Personas, la confesión en la unidad de Creador del Universo.
Me envuelvo hoy día y ato a mí la fuerza de Cristo con su Bautismo, la fuerza de su crucifixión y entierro, la fuerza de su resurrección y ascensión, la fuerza de su regreso para el Juicio de Eternidad.
Me envuelvo hoy día y ato a mí la fuerza del amor de los querubines, la obediencia de los ángeles, el servicio de los arcángeles, la esperanza de la resurrección para el premio, las oraciones de los patriarcas, las profecías de los profetas, las predicaciones de los apóstoles, la fe de los mártires, la inocencia de las santas vírgenes y las buenas obras de los confesores.
Me envuelvo hoy día y ato a mí el poder del Cielo, la luz del sol, el brillo de la luna, el resplandor del fuego, la velocidad del rayo, la rapidez del viento, la profundidad del mar, la firmeza de la tierra, la solidez de la roca.
Me envuelvo hoy día y ato a mí la fuerza de Dios para orientarme, el poder de Dios para sostenerme, la sabiduría de Dios para guiarme, el ojo de Dios para prevenirme, el oído de Dios para escucharme, la palabra de Dios para apoyarme, la mano de DIOS para defenderme, el camino de Dios para recibir mis pasos, el escudo de Dios para protegerme, los ejércitos de Dios para darme seguridad contra las trampas de los demonios, contra las tentaciones de los vicios, contra las inclinaciones de la naturaleza, contra todos aquellos que desean el mal de lejos y de cerca, estando yo solo o en la multitud.
Convoco hoy día a todas esas fuerzas poderosas, que están entre mí y esos males, contra las encantaciones de los falsos profetas, contra las leyes negras del paganismo, contra las leyes falsas de los herejes, contra la astucia de la idolatría, contra los conjuros de brujas, brujos y magos, contra la curiosidad que daña el cuerpo y el alma del hombre.
Invoco a Cristo que me proteja hoy día del veneno, el incendio, el ahogo, las heridas, para que pueda alcanzar yo abundancia de premio.
Cristo conmigo, Cristo delante de mí, Cristo detrás de mí, Cristo en mí, Cristo bajo mí, Cristo sobre mí, Cristo a mi derecha, Cristo a mi izquierda, Cristo alrededor de mí. Cristo en la anchura, Cristo en la longitud, Cristo en la altura, Cristo en la profundidad de mi corazón. Cristo en el corazón y la mente de todos los hombres que piensan en mí, Cristo en la boca de todos los que hablan de mí, Cristo en todo ojo que me ve, Cristo en todo oído que me escucha.
Me envuelvo hoy día en una fuerza poderosa, la invocación de la Trinidad, la fe en las Tres Personas, la confesión de la unidad del Creador del Universo.
Del Señor es la salvación, del Señor es la salvación, De Cristo es la salvación.
Tu salvación Señor esté siempre con nosotros. Amén.

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Oraciones por la conversión de los pecadores

Índice
1. Oración dada por Nuestro Señor Jesucristo a Santa Faustina Kowalska
2. Oración dada por Nuestro Señor Jesucristo a Sor María Consolata Betrone
3. Oración a la Santísima Virgen María para pedir la conversión de mil pecadores
4. Oración que salva almas de la condenación del Infierno
5. Oración dada por el Ángel de la Paz a los Santos Pastorcitos de Fátima
6. Jaculatorias a las Santas Llagas de Jesús
7. Jaculatoria de Fátima

Oración dada por Nuestro Señor Jesucristo a Santa Faustina Kowalska
Nuestro Señor Jesucristo le dijo a Santa Faustina Kowalska: “Apela a mi misericordia para los pecadores, deseo su salvación. Cuando reces esta oración con corazón contrito y con fe por algún pecador, le concederé la gracia de la conversión”. (Diario de Santa Faustina, 186-187)

Oh Sangre y Agua, que brotaste del Corazón de Jesús como una fuente de Misericordia para nosotros, en vos confío.

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Oración dada por Nuestro Señor Jesucristo a Sor María Consolata Betrone
Nuestro Señor Jesucristo le dijo a Sor María Consolata Betrone: “Consolata, di a las almas que prefiero un acto de amor a cualquier otro don que puedan ofrecerme. Un acto de amor decide la salvación eterna de un alma y vale como reparación de mil blasfemias. Sólo en el Cielo conocerás su valor y fecundidad para salvar almas. Quiero un incesante ‘Jesús, María, los amo, salven almas’ desde cuando te levantas hasta cuando te acuestas. No pierdas tiempo, porque cada acto de amor representa un alma. De todos los regalos, el mayor regalo que tú me puedas ofrecer es una jornada llena de amor. Y si una criatura de buena voluntad me querrá amar, y hará de su vida un solo acto de amor, desde cuando se levanta hasta cuando se acuesta (con corazón sincero), yo haré, por esta alma, verdaderas locuras. Tengo sed de amor, tengo sed de ser amado por mis criaturas. Las almas creen que, para llegar a mí, necesitan una vida austera, penitente. ¡Ves cómo me transfiguran! ¡Me hacen temible, mientras que yo soy solamente bueno! ¡Cómo olvidan el precepto que yo les he dado: ‘Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma’! Hoy, como ayer, como mañana, a mis criaturas pediré solamente y siempre amor”.

Jesús, María, los amo, salven las almas.

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Oración a la Santísima Virgen María para pedir la conversión de mil pecadores
La Sierva del Señor, Sor Serafina de Capri, mientras rezaba a la Santísima Virgen María, un día de la novena de la Asunción, le pidió la conversión de mil pecadores; pero temiendo que su petición fuera excesiva, se le apareció la Virgen y le quitó ese vano temor diciéndole: “¿Por qué temes? ¿Es que no soy tan poderosa como para obtener de mi Hijo la salvación de mil pecadores? Mira como ya te lo he conseguido”. Y la llevó en espíritu al Paraíso, donde le mostró innumerables almas de pecadores que habían merecido el Infierno, pero que por su intercesión se habían salvado y gozaban de la felicidad eterna. (San Alfonso María de Ligorio, Las Glorias de María)

Oh Virgen Santísima, te pido que conviertas a mil pecadores. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

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Oración que salva almas de la condenación del Infierno
Permitida su difusión. Pablo VI en A.A.S., 58-1966. 1185-1186.

¡Oh Jesús, Redentor del hombre! que tanto sufriste por el amor y la salvación de los pecadores, sabiendo que no todos iban a aceptar tu sacrificio. Sin ningún merito por mi parte, yo quiero unirme a estos tus sentimientos de amor, de perdón y misericordia, y pedirte en este día la salvación de mil pecadores por cada latido de mi pobre corazón, unido a los latidos del tuyo y a los del Corazón Inmaculado de María, tu Santísima Madre y Nuestra, pues nos la diste al pie de la Cruz. Te lo suplico por tu Preciosísima Sangre y tu Divina Misericordia. ¡Oh Jesús, Redentor nuestro!, te ruego que dejes caer una gota de tu Preciosísima Sangre sobre cada pecador que vaya a morir hoy de muerte repentina e imprevista. ¡Salva a todas las almas!

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Oración dada por el Ángel de la Paz a los Santos Pastorcitos de Fátima
El Ángel de la Paz les enseñó esta oración a los niños de Fátima. (Sor Lucia Dos Santos, Memorias de Fátima)

Dios mío, yo creo, yo te adoro, yo te espero y yo te amo. Te pido perdón por los que no creen, no te adoran, no te esperan y no te aman. (Repetir 3 veces)

Santísima Trinidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo te adoro profundamente y te ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, presente en todos los Sagrarios del mundo, en reparación de los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con los que Él mismo es ofendido. Por los méritos infinitos del Sagrado Corazón de Jesús y del Inmaculado Corazón de María, te pido la conversión de los pecadores. Amén.

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Jaculatorias a las Santas Llagas de Jesús
Nuestro Señor Jesucristo le dijo a Sor María Marta Chambón: “El pecador que diga esta oración, obtendrá su conversión:»

Padre Eterno, yo te ofrezco las Llagas de Nuestro Señor Jesucristo, para curar las llagas de nuestras almas.

Nuestro Señor Jesucristo le dijo a Sor María Marta Chambón: “Debéis repetir con frecuencia cerca de los enfermos esta aspiración. Esta oración aliviará a su alma y a su cuerpo:»

Jesús mío, perdón y misericordia, por los méritos de tus Santas Llagas.

Nuestro Señor Jesucristo le dijo a Sor María Marta Chambón: “Las Santas Llagas tienen un poder maravilloso para la conversión de los pecadores. Ofréceme a menudo estas dos jaculatorias que te he enseñado, para ganarme pecadores, porque tengo hambre de almas”.

(Fuente: Catholic.net)

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Jaculatoria de Fátima
El 13 de julio de 1917, la Santísima Virgen María dijo en Fátima: “¡Hagan sacrificios por los pecadores y digan muchas veces, especialmente cuando hagan un sacrificio:”

Oh, Jesús, es por tu amor, por la conversión de los pecadores y en reparación de los pecados cometidos contra el Inmaculado Corazón de María.

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Oraciones por las Almas del Purgatorio

Índice
1. Oración dada por Nuestro Señor Jesucristo a Santa Gertrudis
2. Acto heroico
3. Tres avemarías por las Almas del Purgatorio
4. Oración del Santo Sudario
5. Oración para liberar a quince Almas del Purgatorio
6. Oración a la Santa Cruz
7. Padrenuestro de Santa Matilde

Oración dada por Nuestro Señor Jesucristo a Santa Gertrudis
Nuestro Señor Jesucristo le dijo a Santa Gertrudis que cada vez que ella rezara esta oración podía liberar a mil Almas del Purgatorio.

Padre Eterno, yo te ofrezco la Preciosísima Sangre de tu Divino Hijo Jesús, en unión con las misas celebradas hoy en todo el mundo, por todas las Benditas Almas del Purgatorio, por todos los pecadores del mundo, por los pecadores en la Iglesia Universal, por aquellos que están en mi propia casa y dentro de mi familia. Amén.

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Acto heroico
Esta devoción fue aprobada por la Iglesia Católica y fue altamente indulgenciada por los Papas Benedicto XIII, Pío VI y Pío IX. El acto heroico es una donación total a las almas del purgatorio de todo lo que podemos darles: no solo el valor satisfactorio de todas las obras de nuestra vida, sino también todos los sufragios que se nos darán después de nuestra muerte. Al depositarlo en las manos de la Santísima Virgen María, para que ella pueda distribuirlos, según le plazca, a todas aquellas almas que desea librar del purgatorio, sacrificamos también la libertad de aplicar nuestros sufragios a los difuntos de nuestra elección. El Padre Shouppe dijo: “No creo que los cristianos puedan hacer mejor uso de las indulgencias que haciendo este acto heroico, ya que las vuelven más meritorias y más eficaces, tanto para obtener la gracia divina como para expiar sus propios pecados y acortar su estancia en el purgatorio, o aún, de adquirir la expiación total de ellos”. (Padre Shouppe, Purgatory, pags. 206-207) Santa Gertrudis estaba por morir y, considerando los pecados de su vida, temía que, habiendo hecho tanto por las almas del purgatorio, ya hubiera agotado sus satisfacciones y sería abandonada a sufrir mucho en el purgatorio. Nuestro Señor Jesucristo se dignó a aparecérsele para consolarla con estas palabras: “La generosa donación de todas tus obras, que has hecho para las Almas del Purgatorio, me han agradado singularmente, y para darte prueba de ello, declaro que todas las penas que habrías tenido que perdurar en la otra vida son condonadas; además, en recompensa por tu generosa caridad, de tal manera realzaré el valor de los méritos de tus obras que te aumentarán la gloria en el Cielo”. (Padre Shouppe, Purgatory, p. 208)

Oh Santa y Adorable Trinidad, deseando cooperar en la liberación de las almas en el purgatorio, y para testificar mi devoción a la Santísima Virgen María, cedo y renuncio, en favor de esas Santas Almas, toda la parte satisfactoria de mis obras y todos los sufragios que puedan dárseme después de mi muerte, y las encomiendo enteramente en las manos de la Santísima Virgen, para que pueda aplicarlas según le plazca a esas almas de los fieles difuntos que desea librar de sus sufrimientos. Dígnate, Dios mío, aceptar y bendecir esta ofrenda que hago para ti en este momento. Amén.

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Tres avemarías por las Almas del Purgatorio
La Santísima Virgen María le dijo a Elizabeth Kindelmann: “El que reza tres Avemarías, haciendo referencia a la Llama de Amor de mi Inmaculado Corazón, libera un alma del Purgatorio. Quien reza así el Avemaría en el mes de noviembre, libera diez almas del Purgatorio. Cuando se reza el Avemaría con la petición de la Llama de Amor, Satanás queda ciego y no puede hacer nada para tentar y perder a las almas mientras se reza esta oración. Si las personas asisten a la Santa Misa sin ninguna obligación y están en gracia de Dios, derramaré la Llama de Amor y cegaré a Satanás durante la Santa Misa. Cuando Satanás está cegado, no puede hacer nada. La participación en la Santa Misa ayuda a cegar más a Satanás. Él conoce que su caída está cerca”.

Devoción con aprobación eclesiástica.

Dios te salve María, llena eres de gracia, el Señor es contigo, bendita Tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores y derrama el efecto de gracia de tu Llama de Amor sobre toda la humanidad, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén. (Repetir 3 veces)

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Oración del Santo Sudario
El Papa Clemente VIII concedió sacar un alma del Purgatorio cuantas veces se rece esta oración.

Señor Dios, que nos dejaste la Señal de tu Pasión, la Sábana Santa, en la cual fue envuelto tu Santísimo Cuerpo, cuando por José, fuiste bajado de la Cruz, concédenos, oh Piadosísimo Señor, que por tu muerte y sepultura santas, te hayas dignado llevar a tu siervo (Nombre del difunto) a descansar en la Gloria de la Resurrección, donde vives y reinas con el Padre y el Espíritu Santo, por todos los siglos de los siglos. Amén.

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Oración para liberar a quince Almas del Purgatorio
Esta oración fue aprobada por el Papa Inocencio XI que concedió la liberación de quince Almas del Purgatorio cada vez que se rece esta oración.

¡Oh fuente inagotable de verdad, cómo estás tan agotada!
¡Oh sabio doctor de los hombres, cómo te has vuelto mudo!
¡Oh esplendor de la luz eterna, cómo estás tan apagado!
¡Oh amor verdadero, cómo tu hermosa figura se ha deformado!
¡Oh altísima divinidad, cómo me haces ver a mí en una tan grande pobreza!
¡Oh amor de mi corazón, cuán grande es tu bondad!
¡Oh delicia de mi corazón, cuán excesivos y múltiples han sido tus dolores!

Señor mío Jesucristo, Tú que tienes en común con el Padre y el Espíritu Santo una sola y misma naturaleza, ten piedad de toda criatura y principalmente de las almas del Purgatorio. Amén.

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Oración a la Santa Cruz
Nuestro Señor Jesucristo le dictó esta oración a Santa Brígida de Suecia. Esta oración rescata 33 almas del Purgatorio. Se reza los viernes y, especialmente, el Viernes Santo a las 3:00 p.m.

Te adoro, oh Santa Cruz, que fuiste adornada por el Cuerpo Santísimo de mi Señor, cubierta y entintada de su Preciosísima Sangre. Te adoro, mi Dios, puesto en la Cruz por mí. Te adoro, oh Santa Cruz, por amor de Aquel que es mi Señor. Amén. (Repetir 33 veces)

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Padrenuestro de Santa Matilde
Padrenuestro que estás en el Cielo
Os ruego, ¡oh tierno Padre!, que perdonéis a las almas del Purgatorio el no haberos amado y rendido el culto de adoración y respeto que os es debido, a Vos, Padre bueno y misericordioso; y haberos alejado de sus corazones donde Vos deseábais habitar. Para suplir sus faltas os ofrezco el amor y el honor de que vuestro divino Hijo os tributó en la tierra y la satisfacción infinita que os dio por todos los pecados de esas pobres almas.

¡Jesús mío, misericordia! (Repetir diez veces)

Santificado sea tu nombre
Perdonad, tierno Padre!, os lo suplico, a las almas de los fieles difuntos, el no haber honrado dignamente vuestro santo nombre, haberlo invocado rara vez, o empleado a menudo con ligereza y haberse hasta avergonzado algunas veces, de perteneceros. Como satisfacción de este pecado yo os ofrezco la santidad de vuestro Hijo Jesucristo, su obediencia, su celo por haceros conocer, su afán por honraros durante su vida y por anonadarse delante de Vos en el altar.

¡Jesús mío, misericordia! (Repetir diez veces)

Venga a nosotros tú Reino
Os ruego, ¡oh eterno Padre!, que perdonéis a las almas de los fieles difuntos, el poco celo en no haber deseado con bastante fervor y anhelado con afán la grandeza de vuestra gloria…! Ellas habrían podido tan fácilmente haceros amar instruyendo a los niños, llevando por el camino del bien a los que ellas amaban! Para expiar su indiferencia, yo os ofrezco los santos deseos de Jesucristo, en el celo que El ha tenido por la nuestra aún en el altar.

¡Jesús mío, misericordia! (Repetir diez veces)

Hágase tu voluntad, así en la tierra como en el Cielo
Os suplico ¡oh Padre!, que perdonéis a las almas religiosas, al haber preferido algunas veces su voluntad a la vuestra y no haber amado en todo y de una manera perfecta vuestro deseo que se manifestaba por sus desobediencias y faltas de sumisión a las órdenes de sus superiores. Para reparar ofrezco la unión del dulcísimo Corazón de Jesús con vuestra voluntad, la pronta y generosa obediencia que presta al Sacerdote viniendo al altar y la perfecta oblación de este Divino Hijo que lo llevó hasta la muerte y muerte de cruz.

¡Jesús mío, misericordia! (Repetir diez veces)

Dadnos hoy el pan de cada día
Os ruego, ¡oh Padre tierno!, que perdonéis a las almas de los fieles difuntos el no haber recibido el Santísimo Sacramento del Altar con los deseos, la devoción y el amor que El merece; el haber omitido por negligencia, cobardía o respetos humanos muchas comuniones que Vos les ofrecíais. Para expiar estos pecados, yo os ofrezco la santidad de vuestro Hijo Jesús, el amor ardiente y el deseo inefable que le llevó a daros el precioso tesoro de su Cuerpo y de su Sangre.

¡Jesús mío, misericordia! (Repetir diez veces)

Perdonad nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a los que nos adeudan
Os ruego, ¡oh Eterno Padre!, que perdonéis a las almas de los fieles difuntos los pecados en los cuales cayeron, no perdonando fácilmente; guardando algún rencor, alimentando ligeros pensamientos de venganza. Por esos pecados yo os ofrezco la oración tan tierna y tan amorosa que vuestro Hijo Jesús hizo en la Cruz por sus enemigos.

¡Jesús mío, misericordia! (Repetir diez veces)

No nos dejes caer en tentación
Os suplico, ¡oh tierno Padre!, que perdonéis a las almas de los fieles difuntos la poca fuerza que opusieron para rechazar la tentación de sensualidad, reprimir la curiosidad de sus miradas, y cuidarse de algunos goces peligrosos. Para expiar esta multitud de pecados, yo os ofrezco las fatigas de Jesús, sus lágrimas, sus mortificaciones y sus humillaciones en el altar.

¡Jesús mío, misericordia! (Repetir diez veces)

Y líbranos del maligno, libradnos del mal.
Sí, Dios mío, libradlas del mal que soportan esas santas almas, en otro tiempo culpables, ahora tan arrepentidas y resignadas; libradlas por los méritos de Jesucristo. Y Vos, ¡oh Salvador, tan lleno de misericordia! Vos que estáis sobre este altar, tened piedad de sus lamentos y de sus lágrimas. Ellas se unen a mí para clamar hasta Vos durante su vida y olvidad las faltas que la fragilidad de nuestra naturaleza les hizo cometer.

¡Jesús mío, misericordia! (Repetir diez veces)

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